Cultivo SudLas estrictas tradiciones impidieron a Tabitha ir a la escuela. "Como niña, tenía que formarme bien en las tareas del hogar", recuerda. "Sería una desgracia para la familia de mi padre si no pudiera cuidar de mi marido y mis suegros".

Además, al ser la última nacida de sus padres, a Tabitha le tocó cuidar de su madre enferma. "Ella falleció cuando yo tenía 12 años", dice Tabitha. "No mucho después, mi padre también murió".

El dolor marcó la vida de la joven. "Mi marido y yo tuvimos cinco hijos, pero el Señor se llevó a dos de ellos. Luego, mi querido esposo falleció debido a una enfermedad desconocida, dejándome al cuidado de tres hijos y sin nadie de quien depender."

Tabitha no tiene un trabajo fijo, pero trata de ganarse la vida vendiendo alimentos y verduras en un pequeño mercado de Sudán del Sur. En lugar de hundirse en la desesperación, los retos de Tabitha la incitan a buscar el rostro de Dios.

"Decidí unirme a la Iglesia Anglicana de San Pablo, donde todavía rindo culto", dice. El sacerdote de San Pablo resultó ser un socio de la Liga de la Biblia, y cuando anunció el programa de alfabetización basado en la Biblia en su iglesia, Tabitha se inscribió con entusiasmo.

"Estaba encantada con esta oportunidad de mejorar mi vida y mis conocimientos", recuerda. "Gracias a la clase de alfabetización, me he transformado tanto espiritual como físicamente. Estoy aprendiendo a entender la voluntad de Dios y ahora puedo escribir mi nombre y leer sola la Biblia en inglés de fácil lectura."

El programa de alfabetización abrió los ojos de Tabitha al seguimiento de Jesús y la ayudó a entender la Palabra de Dios. "Me está dando una base sólida para compartir la Buena Nueva de Cristo con otros", se alegra.

A través de las lecciones bíblicas, Tabitha aprendió a someter las dificultades de su vida a las manos del Señor. Reconoce que no puede ganarse la vida sin la ayuda de Dios. "Recen por mí, como viuda en circunstancias económicas tan extremas", pide, "para que Dios haga crecer mi negocio y pueda pagar las tasas escolares de mis hijos". Luego, con una sonrisa, añade: "¡Gracias por el privilegio de participar en estas clases; gracias por su apoyo!"